Entre el año y los tres, el juego es todo cuerpo: caminar, arrastrar, empujar, encastrar y tirar al piso. Por eso funcionan tan bien el pata pata, los andadores, los primeros triciclos y los bloques grandes que la mano todavía chica puede agarrar sin frustrarse.
En esta etapa conviene mirar dos cosas antes del precio: que no tenga piezas que entren en la boca y que el chico pueda usarlo solo. Un juguete que necesita un adulto al lado todo el tiempo se abandona en una semana.
También arrancan la cocinita, los peluches y los primeros libros de tela. Son los que sostienen el juego simbólico, que aparece cerca de los dos años.
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